Se puede presentar de dos formas clínicas diferenciadas. En forma de infección pulmonar, que se caracteriza por provocar neumonía con fiebre alta como síntoma principal y en segundo lugar, en forma de fiebre aguda, sin provocar neumonía.
El primer caso es grave y es la famosa Enfermedad del Legionario y a la segunda forma se la conoce por el nombre de Fiebre de Pontiac y es de pronóstico leve. Esta bacteria se halla extendida en ambientes acuáticos naturales (ríos, lagos, aguas termales, etc.) pudiendo sobrevivir en condiciones ambientales muy diversas. Para que su concentración aumente y entrañe riesgo para las personas, debe pasar a colonizar, fundamentalmente a través de las redes de distribución de agua potable, sistemas hídricos construidos por el hombre, como torres de refrigeración y sistemas de distribución de agua sanitaria, donde encuentra condiciones de protección, nutrientes y temperatura entre (25º a 45º) idóneas para su multiplicación.
En términos generales, el contagio de esta enfermedad puede producirse por el contacto con el vapor de agua contaminado con bacterias o las mezclas de tierra para macetas. Este vapor infectado suele provenir, en el entorno del hogar o lugares que frecuentamos, de bañeras o de duchas calientes y de unidades de aire acondicionado en edificios grandes. Pero siempre se debe tener en cuenta que las bacterias no se transmiten de una persona a otra.